Elegir a la persona con la que vas a hacer un proceso de terapia es una decisión importante y, muchas veces, se toma con poca información. Estas preguntas ayudan a decidir con criterio, y también a reconocer cuándo algo no encaja.
Qué mirar en la formación
En Colombia, ejercer la psicología exige un título profesional y estar habilitada para la práctica clínica. Eso es el mínimo, no un detalle. A partir de ahí, importa la formación específica en lo que traes: no es lo mismo un perfil general que uno con posgrado y experiencia en ansiedad, estrés o trauma. Preguntar por la formación y por los años de práctica clínica no es desconfianza; es lo mismo que harías al elegir cualquier profesional de la salud.
Qué preguntar en el primer contacto
- ¿Qué formación y qué enfoque usas para trabajar lo que te traigo? Una respuesta clara nombra marcos concretos y con respaldo (por ejemplo, terapia cognitivo-conductual, terapias de tercera generación, trabajo de regulación del sistema nervioso), no frases genéricas.
- ¿Cómo es una sesión y cuánto suele durar un proceso? Debe poder darte una idea aproximada, aunque dependa de cada caso.
- ¿Cómo sabremos si esto está funcionando, además de "cómo me siento"? Buscas indicadores: objetivos concretos, seguimiento de síntomas, revisiones periódicas del plan.
- ¿En qué casos me derivarías a otro profesional? Un "siempre puedo con todo" es una mala señal. Lo esperable es que mencione psiquiatría, valoración médica o trabajo especializado según lo que aparezca.
- ¿Cómo manejas la confidencialidad y el consentimiento informado? Debe explicarlo sin rodeos.
Qué mirar en la primera sesión
Más allá de las credenciales, hay algo que solo se nota estando en sesión: si sientes que te entiende, si puedes hablar con honestidad sin sentirte juzgada o juzgado, si al salir tienes algo más de claridad. Ese "encaje" no es un lujo; la calidad del vínculo es uno de los factores que más se asocia a que un proceso avance. Si después de dos o tres sesiones no aparece, es información válida, y decirlo está bien.
Señales de alerta
- Promesas de resultados asegurados en un número fijo de sesiones. Nadie serio puede prometer eso.
- Métodos que no se explican o que se presentan como secretos.
- Presión para comprar paquetes largos antes de haber tenido un primer encuentro.
- Rechazo a hablar de formación, encuadre o confidencialidad.
- Minimizar lo que cuentas o descartar de entrada la posibilidad de que necesites también atención médica.
Y si ya empezaste con alguien
Cambiar de profesional a mitad de camino no es un fracaso. Si el proceso lleva meses sin movimiento, si no sientes que puedas ser honesta o honesto, o si algo del encuadre te incomoda y no se puede hablar, tienes derecho a buscar otra opción. Un buen proceso resiste esa conversación.
Elegir bien a quién te acompaña es parte del trabajo terapéutico, no un trámite previo.
Si quieres ver cómo trabajo yo, está descrito en la página de terapia: así puedes ver si esta forma de trabajar te hace sentido.